Déficit de atención y pérdida de concentración por estrés

Cuando una persona sufre de estrés crónico o, incluso, padece ansiedad, pueden aparecer una serie de manifestaciones que se pueden asociar al déficit de atención y concentración.

Por qué se padece déficit de atención

¿Qué es la atención?

La atención se define como la capacidad de seleccionar y concentrarse en los estímulos destacados. Es decir, la atención es el proceso cognitivo por el cual nos dirigimos hacia los estímulos importantes y los procesamos para dar una respuesta.

Se puede decir que la atención es una capacidad que nos sirve para crear, guiar y mantener nuestro cerebro activo de manera que podamos procesar correctamente la información. Este mecanismo controla y regula la reflexión, el razonamiento y el aprendizaje entre otros.

La atención es un proceso complejo que participa prácticamente en todas nuestras actividades diarias. A lo largo del tiempo se ha hecho evidente que la atención no era un proceso unitario, sino que se podía fragmentar en diferentes partes. Dependiendo del estado emocional de la persona y de otros parámetros como son la fatiga física, cansancio emocional, etc. existirá un nivel diferente de atención.

El estrés o el cansancio son circunstancias que van a alterar la atención. Pero, también, existen otras causas de origen neurológico que pueden dificultar la capacidad de atención.

No se debe confundir la falta de atención que habitualmente va acompañada de pérdida de concentración y dificultad para la memoria con un trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

La evaluación por parte de un profesional cualificado diferenciará el posible trastorno dado que el trastorno por déficit de atención (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que tiene su inicio en la edad infantil pero numerosas personas no son diagnosticadas hasta la edad adulta.

Los niños y el déficit de atención

¿Qué causas pueden producir déficit de atención y concentración?

Cuando el estrés es crónico podemos tener problemas de concentración y de memoria. La falta de concentración es un trastorno en la capacidad de atención que impide la realización de las tareas más cotidianas, que no permite la actividad diaria. Se trata en la mayoría de los casos de un problema transitorio.

La falta de concentración se relaciona muy estrechamente con problemas de memoria, ya que a la persona le resulta difícil recordar y retener la información.

Existen una serie de causas más habituales que pueden producir falta de atención y concentración:

  • Consumo de alcohol. Las personas alcohólicas pueden experimentar una pérdida de memoria y una falta de concentración debido a su adicción al alcohol o como parte de los síntomas relacionados con un consumo excesivo.
  • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). La dificultad para concentrarse o la falta de atención pueden ser signos de un trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad.
  • Demencia. La falta de concentración, así como la pérdida de memoria también están muy relacionados con los primeros síntomas de demencia
  • Insomnio. La falta de sueño constante puede afectar nuestra capacidad para concentrarnos, haciendo que padezcamos de falta de atención y pérdida de memoria.

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Otras causas

  • Trastorno depresivo. Las personas que padecen este trastorno presentan muchas dificultades para concentrarse debido a los síntomas relacionados con ello.
  • Ansiedad. La falta de concentración también puede ser por ansiedad, debido a que este trastorno impide pensar con claridad.
  • Estrés. El estrés laboral o personal puede hacer que las personas experimenten de problemas de concentración.
  • Enfermedades como la esquizofrenia, epilepsia, el síndrome de Cushing, ictus, etc., pueden presentar problemas de concentración.
  • Medicamentos. No poder concentrarse también puede ser un efecto secundario de algunos medicamentos.
  • Otras situaciones como los miedos, traumas, desmotivación, cansancio, etc., pueden producir falta de concentración.

La persona que presenta estrés laboral o personal de forma crónica e intensa no presta atención consciente a lo que está en ese momento haciendo y afecta a su capacidad de almacenar información. Y, por tanto, a su memoria.

El estrés no es bueno en general y puede producir problemas a nivel inmunitario, digestivo e incluso cardiovascular.

El estrés momentáneo, agudo y puntual es bueno porque nos permite estar alerta y facilitar la capacidad de concentración. Por el contrario, el estrés continuo y prolongado ocasiona múltiples trastornos, en concreto afecta a dos de las capacidades cognitivas como son la atención y la memoria.

 

 

¿Qué manifestaciones acompañan a la falta de atención y concentración?

Cuando la persona sufre de estrés crónico o incluso padece ansiedad, pueden aparecer una serie de manifestaciones que se pueden asociar a la falta de atención y concentración:

  • Incapacidad de realizar una tarea durante un tiempo prolongado.
  • Acumulación de tareas e incapacidad para realizar actividades multitareas.
  • Dificultad para pensar con claridad
  • Incapacidad para concentrarse como, por ejemplo: leer un libro o ver una película.
  • Desconexión de la realidad. Significa que la persona se desconecta de todo aquello que pasa a tu alrededor.
  • No recuerda las actividades que ha hecho recientemente (falta de memoria)
  • Distracciones continuas. La persona emplea mucho tiempo en realizar una actividad incluso aunque sea placentera.
  • Incapacidad para tomar decisiones y no estar seguro de lo que hace la persona
  • Baja tolerancia a la frustración
  • Pérdida y olvidos de objetos
  • Falta de energía
  • Cambios de estado de ánimo

No se debe olvidar que el estrés afecta al sueño y nos impide descansar y dormir profundamente. Estas personas estresadas tienen menos fases REM, que es la fase del sueño en la que hay ensoñaciones y se consolidan los recuerdos y, por tanto, presentarán dificultades para almacenar datos a la memoria a largo plazo.

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Recomendaciones generales para mejorar el déficit de atención y concentración

En primer lugar, se debe realizar un diagnóstico adecuado en cada caso y, por tanto, consultar a un médico y/o psicólogo para aclarar la causa del problema.

Además, existen algunos consejos que pueden ser útiles para las personas que sufren falta de concentración y atención sobre todo producidas por estrés, como son:

  • Evitar los pensamientos irracionales o poco funcionales que nos bloquean y disfrutar del presente. Nuestras emociones influyen de manera muy importante en nuestra capacidad de concentración. Por lo tanto, se debe mejorar el conocimiento de nuestras emociones y aprender a saber cómo nos sentimos, ya que esto ayudará a mejorar la atención.
  • Atender a los detalles de lo que rodea a la persona, facilitará la concentración.
  • Establecer objetivos. Proponer varias metas sucesivas y llevar un control de lo que se va consiguiendo.
  • Establece metas. Lleva un registro de los logros de objetivos.
  • Evitar las distracciones. Liberar el espacio de trabajo de posibles interferencias como por ejemplo móvil, pantallas, etc.
  • Evitar la multitarea. La persona no se debe dedicar a realizar varias cosas a la vez, porque se pierde capacidad de concentración
  • Practicar técnicas de relajación y respiración profunda: El yoga y la meditación mejoran la atención y concentración.
  • Realizar ejercicio. Realizado de forma regular es una excelente terapia para la falta de concentración y el cansancio. Tener una rutina deportiva es de vital importancia para tratar y prevenir otras enfermedades como por ejemplo la depresión.
  • Crear rutinas. Se deben ajustar a cada caso y es importante crear espacios de ocio y descanso.

Cómo tratar el déficit de atención

Suplementos con triptófano para el déficit de atención

En los últimos tiempos se está valorando la posibilidad de introducir la ingesta de suplementos que contengan triptófano, fosfatidilserina, ácidos omega 3 como el Ácido docosahexaenoico (DHA), vitaminas del grupo B y probióticos específicos para ayudar a personas que sufren alteraciones emocionales o cambios del estado de ánimo como consecuencia del estrés.

Los resultados de algunos ensayos clínicos y revisiones sistemáticas y narrativas realizadas con el triptófano indican que el triptófano (TRF) es precursor de la serotonina, neurotransmisor que a su vez es responsable de regular el estado de ánimo y el sueño.

Las revisiones remarcan que, aunque hay dudas en relación con la eficacia de estos suplementos como tratamiento, es importante el consumo de dietas ricas en TRF o el aporte como suplemento dietético en los trastornos del sueño, como alternativa en el manejo del estrés y ansiedad, o como complemento en el manejo de las alteraciones del estado de ánimo.

Otros estudios con triptófano

Un estudio realizado con triptófano concluye que puede tener efectos beneficiosos sobre las funciones emocionales y cognitivas en las mujeres de mediana edad.

Los tratamientos con triptófano de estos trastornos tienen como objetivo modular la neurotransmisión serotoninérgica y aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. Los niveles de serotonina del cerebro dependen de la disponibilidad del aminoácido esencial TRF.

En cuanto a las vitaminas del grupo B, muchas de ellas mejoran la fatiga y el cansancio al ser activadores metabólicos y en concreto la piridoxina actúa como cofactor enzimático para la síntesis de serotonina que junto con el triptófano presenta acciones sobre la neurotransmisión serotoninérgica en varias enfermedades neurológicas.

Hay que comentar que los resultados de la utilización de magnesio en problemas emocionales en relación con el estrés indican que el magnesio tomado durante 6 semanas produce una mejoría neta de los síntomas de ansiedad y estado de ánimo, siendo bien tolerado.

¿Y los probióticos?

Por último, los probióticos han demostrado tener efecto positivo sobre el eje intestino- cerebro ya que estas bacterias son capaces de producir y administrar sustancias neuroactivas como el ácido gamma-aminobutírico y la serotonina, que actúan sobre este eje. La evaluación preclínica en animales sugiere que ciertos probióticos poseen cierta actividad antidepresiva o ansiolítica.

Hasta ahora, los probióticos se han estudiado más extensamente en personas con patología funcional digestiva con gran componente emocional, en los que se ha informado de beneficios positivos por parte de varios microorganismos (Bifidobacterium infantis M63). Dichos beneficios pueden estar relacionados con las acciones antiinflamatorias de ciertos probióticos, el mantenimiento de la barrera intestinal y la regulación del sistema nerviosos y neuroendocrino (eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal).

Referencias

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• Gomez-Eguilaz M, Ramon-Trapero JL, Perez-Martinez L, Blanco JR. El eje microbiota-intestino-cerebro y sus grandes proyecciones [The microbiota-gut-brain axis and its great projections]. Rev Neurol. 2019 Feb 1;68(3):111-117.

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