Aparición de hipersomnia por un mal descanso

La somnolencia excesiva diurna recibe el nombre de hipersomnia. Cuando utilizamos este término nos estamos refiriendo no al habitual y simple “qué sueño tengo”.

Nos referimos a una situación más compleja, a una somnolencia por encima de lo que cabría esperar según el hábito de sueño del paciente. O, también, a una alteración que ocurre de manera crónica. E, incluso, a un aumento de la necesidad de dormir de día incluso si se ha dormido bien de noche.

Las causas de la hipersomnia

Sueño y buena salud

Un sueño de calidad, comienza a primera hora de la mañana… Sí, no es un error lo que acabamos de decir. Es totalmente cierto. Se debe a que el sueño no es una función aislada de nuestro organismo, sino que está acoplado con la otra fase que se alterna con él, es decir, con la vigilia. Un sueño reparador es garantía de poder afrontar las actividades diarias y un día activo contribuirá a unos adecuados conciliación y mantenimiento del sueño.

Si durante la noche no hay un sueño reparador, durante el día se producirán algunas manifestaciones. Encontramos la falta de concentración, alteraciones de la memoria, cambios en el estado de ánimo y, por supuesto, somnolencia excesiva.

 

 

Pero, ¿por qué se produce la hipersomnia?

Las causas más habituales son las siguientes:

  • Enfermedades sistémicas que comprometan el sueño. Tales como todas aquellas que cursan con dolor. Pero también hay que mencionar a algunas enfermedades metabólicas como el hipotiroidismo. Además, de aquellas enfermedades pulmonares como enfisema o bronquitis crónica que cursen con hipoxemia. Por supuesto, la apnea del sueño es una de las causas más frecuentes de hipersomnia.
  • Enfermedades neurológicas como demencias o Alzheimer. La depresión suele causar insomnio. Sin embargo, un porcentaje de los pacientes con esta patología cursan con hipersomnia.
  • Ingesta de fármacos. Son muchos los fármacos que pueden causar somnolencia diurna. En este sentido mencionaremos antihistamínicos, antihipertensivos, sedantes, hipnóticos, antidepresivos, ansiolíticos, neurolépticos o antiepilépticos, entre otros.
  • Enfermedades propias del sueño. Como la hipersomnia idiopática y la narcolepsia de las que hablaremos más adelante.
  • La hipersomnia vinculada a sueño nocturno insuficiente o fragmentado. Parece evidente, pero la causa más frecuente de somnolencia diurna es la falta de sueño nocturno. En muchas ocasiones, el sueño insuficiente es autoimpuesto. Simplemente, el paciente “está tan ocupado” laboral o socialmente que acaba por restringirse las horas de sueño. El sueño fragmentado también es origen de hipersomnia, pues si el sueño no es continuado, puede no llegarse a la fase de sueño profundo. Y, por tanto, no se tiene un sueño reparador.

Sea la causa que sea, el paciente experimentará durante el día una necesidad imperiosa de dormir. Añadirá dificultad para concentrarse y para llevar a cabo de manera activa y adecuada sus actividades diurnas cotidianas.

El diagnóstico de hipersomnia se hace basado en la descripción del paciente y/o sus familiares cercanos. Pero se confirma mediante polisomnografía.

Cómo nos afecta la hipersomnia

La hipersomnia idiopática y narcolepsia

Mención aparte merecen la hipersomnia idiopática y la narcolepsia. La primera consiste en una excesiva somnolencia diurna sin causa aparente. Es decir, la persona duerme por la noche de manera adecuada y, sin embargo, mantiene la somnolencia durante el día. Este es un trastorno poco frecuente que suele ocurrir en adolescentes o en adultos jóvenes y del que no se conoce su fisiopatología. Los afectados por esta enfermedad aumentan su tiempo de sueño, durmiendo más de 10 horas al día, con siestas diurnas y despertar difícil.

La narcolepsia es algo más frecuente y puede comprometer mucho la calidad de vida de quien lo padece. En este caso, no solamente existe somnolencia, sino que el paciente no es capaz de vencer la sensación de sueño y se duerme en cualquier ocasión y en cualquier posición (sentados, de pie, …) sin poder controlarlo. Además, estos periodos de sueño diurno no son reparadores y el paciente despierta con la misma sensación de sueño.

La narcolepsia puede cursar con cataplejía, es decir, pérdida del tono muscular que se puede desencadenar por emociones, risa, sustos, ruidos, etc. El paciente puede sufrir también parálisis del sueño, o sea, imposibilidad para moverse al inicio del sueño o en algunos casos al final de este y, por último, pueden aparecer alucinaciones hipnagógicas, es decir, el paciente al iniciar el sueño, ve imágenes que le pueden producir una sensación de pánico.

Cómo tratar la hipersomnia

¿Cómo se puede tratar la hipersomnia?

Hablaremos en esta ocasión únicamente del tratamiento de la hipersomnia secundaria, es decir, de la que se produce acompañando a alguna alteración conocida del sueño nocturno. Dejaremos aparte, por su complejidad, el tratamiento de la hipersomnia idiopática y de la narcolepsia.

El primer punto en el tratamiento de la hipersomnia es tratar la causa que la produce:

  • Cuando se trate de una privación autoimpuesta del sueño, hay que instruir al paciente en los hábitos adecuados del sueño. Para ello, explicarle la importancia de un buen descanso. Para evaluar si los consejos se están siguiendo de forma correcta, se puede pedir a la persona que realice un diario del sueño. Si el cambio de hábitos no mejora el tiempo total de sueño o continua la fragmentación, se puede valorar el uso de sustancias como la melatonina. Esta disminuye el tiempo de latencia del sueño y no produce somnolencia diurna.
  • En el caso de que exista una enfermedad subyacente, debe abordarse el tratamiento de dicha enfermedad y si la hipersomnia está producida por fármacos, hay que valorar el posible cambio de tratamiento en el paciente o el ajuste de las dosis.

En todos los casos, hay que insistir en los buenos hábitos del sueño. Aunque parezcan muy obvios, no debemos pensar que todo el mundo los conoce y aunque los conozcan, puede que, llevados por la rutina, tengan costumbres inapropiadas de las que, a veces, ni siquiera son conscientes; por eso, repasar con el paciente punto por punto estos hábitos saludables suele ser una manera de concienciarle sobre qué hace bien y qué no. El diario del sueño puede ayudar a evaluar los cambios que el paciente está realizando y por supuesto los logros conseguidos.

Hay que entender que el día y la noche, la vigilia y el sueño, se suceden rítmicamente y que cada uno lleva siempre la carga que le dejó el otro. Un mal día nos hará pasar una mala noche y una mala noche será el principio de un mal día.

Referencias

https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1137-66272007000200010
https://www.livehealthily.com/es-es/health-library/conditions/hypersomnia
https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000803.htm

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