Piel más expuesta a los daños del sol tras el confinamiento

El sol nos aporta muchos efectos positivos para la salud. De hecho, la luz solar influye positivamente sobre el estado de ánimo, sobre la regulación del sueño y sobre el metabolismo. Pero el sol y la piel están relacionados y, en muchas ocasiones, no de manera positiva.

Cuidados: el sol y la piel en el confinamiento

El sol y la piel: relación

La piel es el órgano que nos relaciona con el exterior de manera directa. No es una simple funda que nos envuelve, sino que tiene importantes funciones tanto endocrinas, como inmunológicas o nerviosas. Su estrecho contacto con el exterior hace que se encuentre expuesta a recibir agresiones químicas o mecánicas. Una de estas agresiones es la que tiene que ver con las radiaciones ultravioleta provenientes del sol.

Las radiaciones ultravioleta son de tres tipos: A, B y C. Los UVC atraviesan mal la capa de ozono, por lo que la atmósfera actúa de protección. Los A y los B son los que producen el cambio de coloración en la piel (los A de manera inmediata y los B de forma retardada) pero también pueden producir inflamación, respuesta inmune y daños en el ADN celular.

El sol es necesario para la salud

Por otra parte hay que indicar que el sol es imprescindible para la salud. Es necesario para la síntesis de vitamina D, que a su vez interviene en el metabolismo óseo y en el desarrollo del sistema inmune. La luz solar también influye positivamente sobre el estado de ánimo, sobre la regulación del sueño y sobre el metabolismo.

El organismo, maneja muy bien esta cuestión. Dispone de una serie de mecanismos de protección frente a las radiaciones solares que le permiten minimizar sus efectos negativos. Por una parte, induce un aumento de la proliferación celular, de manera que se incremente el número de capas celulares en la epidermis, lo que dificulta la llegada de la radiación ultravioleta a capas más profundas. Por otra parte, la pigmentación de la piel, absorbe la radiación ultravioleta y transforma esta energía en calor, lo que la convierte en inofensiva.

Problemas: el sol y la piel en el confinamiento

Melanina

La pigmentación de la piel viene dada básicamente por la melanina.

La melanina es una sustancia de carácter proteico que se sintetiza en los melanosomas, es decir, en los gránulos que se encuentran en el citoplasma de los melanocitos.

Los melanocitos son células que se encuentran en la zona basal de la epidermis. Cuando la radiación ultravioleta incide en la piel, se inicia una cascada de reacciones químicas, que a partir del aminoácido tirosina, desemboca en la producción de melanina. La melanina acumulada en los melanosomas es después transferida a los queratinocitos, es decir a las células estructurales de la epidermis.

La melanina puede ser básicamente de dos tipos: la eumelanina y la feomelanina. La primera es de color pardo o negro y confiere un color oscuro a la piel o el cabello. La segunda es de un color rojizo amarillento y confiere una coloración más clara. La primera es más abundante y más protectora.

Según la cantidad de melanina y el tipo de esta, se tendrá una coloración diferente en la piel o en el pelo. Los diferentes grupos étnicos poseen aproximadamente el mismo número de melanocitos. Pero, las personas de piel más oscura, presentan mayor actividad en la síntesis de melanina. La edad condiciona un cambio en la cantidad de melanocitos, de manera que cada 10 años se pierde aproximadamente un 10% de estos, por lo que los ancianos tienen menor capacidad para proteger la piel de las radiaciones ultravioleta.

La luz solar y las estaciones del año

Durante el invierno, la luz solar está presente menos horas y es de menor intensidad. Además, cuando salimos a la calle, vamos tapados por las prendas de vestir, por lo que la superficie de piel en contacto con el sol es muy pequeña. Cuando llega la primavera, paulatinamente, van aumentando las horas de sol. Y, también, por efecto del incremento de la temperatura, comenzamos a desprendernos de ropa. Esto provoca una adaptación escalonada que culmina en el verano con la mayor exposición al sol. La melanina empieza a sintetizarse al exponernos a la luz solar, de manera que cuando llega el verano ya estamos más protegidos.

Relación entre el sol y la piel tras el confinamiento

Confinamiento: impacto para nuestra piel

Pero esta primavera ha sido muy diferente en muchas cosas. Nos ha cambiado la vida en múltiples aspectos. Pero, también, en cuanto a la preparación de la piel para poder tomar el sol.

El hecho de que hayamos estado más de dos meses sin prácticamente salir a la calle ha hecho que, cuando al final hemos podido salir, tuviéramos aún “la piel de invierno”. Además, cuando nos confinamos, aún usábamos ropa de abrigo. Y, cuando hemos vuelto a la calle, lo hemos hecho en manga corta.

El impacto para la piel ha sido muy importante. Siempre se habla, en esta época del año, de la necesidad de proteger la piel con un factor solar. Y, también, de la importancia de tener controlados los lunares o las manchas que puedan aparecer. Pues bien, este año es de vital importancia que sigamos esas recomendaciones. Y es que no le hemos dado a nuestra piel la oportunidad de adaptarse poco a poco al cambio en la exposición a la luz solar.

Sol y piel: cuidados especiales

Ante esta situación, debemos ser especialmente cuidadosos con la piel. Debemos hidratarla a menudo, utilizando un factor de protección solar adecuado y usando gafas de sol. Pero también es importante usar ropa clara y sombreros o gorras. Es también muy importante seguir la recomendación de no tomar el sol en las horas centrales del día. Y, por supuesto, beber la cantidad de agua recomendada para cada grupo de edad.

La dieta también puede colaborar, puesto que hay vegetales ricos en carotenos. Los carotenos son pigmentos naturales que nuestro organismo no sintetiza pero que sí puede utilizar cuando se ingieren a través de la dieta. Estos pigmentos se depositan en la piel y hacen un papel parecido al de la melanina. Es decir, ayudan a absorber la radiación ultravioleta.

Son alimentos ricos en carotenos todos aquellos de color anaranjado. Destacan las zanahorias, la calabaza, el albaricoque, o también la sandía, arándanos, fresas o los tomates. Además, estos últimos de color más rojo, contiene un carotenoide denominado licopeno, que es el antioxidante más potente que se conoce. El efecto antioxidante va a ayudar a reparar los daños inducidos en el ADN por la radiación ultravioleta.

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