Simbióticos e inmunidad

Es importante antes de abordar un tema tan interesante como la relación existente entre los simbióticos y la inmunidad, que resolvamos la pregunta de qué es un simbiótico.

¿Qué es un simbiótico?

Desde que en 1995 surgiera el nombre de simbiótico describiendo a una mezcla de probióticos y prebióticos que potencian un efecto beneficioso para la salud intestinal, ha habido cambios en la definición.

Actualmente, se considera simbiótico a “una mezcla que contiene microorganismos vivos y sustrato/s utilizado/s selectivamente por la microbiota que confiere un beneficio a la salud del hospedador”. Por tanto, un simbiótico no es solo la combinación de un probiótico y un prebiótico.

Se puede entender que existan simbióticos en los que el probiótico y el prebiótico actúan de forma independiente, aportando beneficios para la salud del hospedador y simbióticos en los que el probiótico y el prebiótico actúan de forma sinérgica.

Este segundo ejemplo sería el deseado y el más eficaz cuando empleamos un simbiótico. Un ejemplo claro sería la utilización de una cepa probiótica beneficiosa como determinadas especies de bifidobacterium, y un prebiótico como los galactooligosacáridos que fomentan el crecimiento específico de estas cepas.

Tanto las cepas probióticas como los prebióticos actúan juntos para aportar beneficios a la salud.

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del hospedador.

Y los prebióticos son ingredientes alimentarios que al ser fermentados selectivamente producen cambios específicos en la composición y/o actividad de la microbiota gastrointestinal, confiriendo beneficios en la salud del hospedador.

Dicho esto, un simbiótico ejerce tanto un efecto prebiótico como probiótico.

Beneficios de los probióticos en la inmunidad

¿Cómo actúan los probióticos y/o simbióticos en la inmunidad?

La respuesta inmunológica tiene dos vertientes, la llamada respuesta innata o inespecífica y la adquirida o específica.

La innata se produce en respuesta a aquellos antígenos que tienen contacto por primera vez con el organismo, intervienen principalmente neutrófilos, monocitos, células NK (Natural Killer), macrófagos y células dendríticas.

Las células dendríticas son especialmente abundantes en el intestino. Estas células, junto con los macrófagos, actúan como presentadoras de antígenos, transmitiendo la información a los linfocitos y desencadenando, por tanto, de manera secundaria, la respuesta inmunitaria específica o adquirida.

La respuesta específica se produce cuando penetra en el organismo un antígeno con el que se ha tenido contacto previamente, es decir, actúa a través de la memoria inmune. A su vez, se realiza por dos mecanismos, la respuesta humoral y la respuesta celular.

La respuesta celular es la propia de los linfocitos T citotóxicos y helper o cooperadores. Los linfocitosTh (T helper), pueden diferenciarse a Th1, Th2, Th17 o Thr, desencadenándose, en cada caso, una respuesta diferente. Los Linfocitos Thr o reguladores, son los que inducen una respuesta de inmunotolerancia, que es la que predomina en la barrera intestinal para permitir el contacto con los antígenos de la dieta y con la microbiota.

La respuesta humoral tiene lugar gracias a los linfocitos B que producen inmunoglobulina A secretora (IgAs) que favorece el mantenimiento de las bacterias comensales y neutraliza los patógenos, potenciando la tolerancia.

La correcta función de la barrera intestinal se da cuando existe una interacción adecuada entre la microbiota, las células epiteliales intestinales, el sistema inmune y el sistema nervioso entérico.

Esta interrelación equilibrada consigue una adecuada permeabilidad intestinal.

Toma de prebióticos para la inmunidad

Beneficios de los probióticos o simbióticos

La evaluación de la eficacia de los probióticos en la salud humana requiere la identificación de los microorganismos a nivel de cepa, debido a que los efectos saludables demostrados para una cepa microbiana específica no son extrapolables o atribuibles a otras cepas de la misma especie.

Con base en los beneficios que puede presentar un probiótico o simbiótico sobre el sistema inmune, destacamos:

  • Activación de los macrófagos locales para que aumenten la presentación de antígenos a los linfocitos B y aumenten la producción de inmunoglobulina A (IgA) secretora, tanto a nivel local como sistémico.
  • Modulación de las citoquinas.
  • Inducir la respuesta de tolerancia a los antígenos alimentarios. Disminuyen la respuesta a los antígenos alimentarios, con lo que reducen la probabilidad de intolerancias y alergias alimentarias.

Beneficios no inmunológicos

Además de los beneficios sobre la inmunidad, los probióticos y/o simbióticos pueden presentar otro tipo de beneficios no inmunológicos:

  • Digerir los alimentos y competir con los patógenos por los nutrientes y por su adherencia a la mucosa.
  • Creación de un ambiente local desfavorable para los patógenos (acidosis, etc.)
  • Producción de bacteriocinas (son antibióticos naturales) por parte de los microrganismos para inhibir a los patógenos.
  • Generación de ácidos grasos de cadena corta derivados de la fermentación de azúcares que poseen actividad antinflamatoria.
  • Incrementar la función de barrera intestinal.
  • Modificar las toxinas derivadas de patógenos evitando el daño.
  • Estimular la producción epitelial de moco
  • Incrementar la función de barrera intestinal

La actividad de los probióticos depende de su interacción con los microorganismos del huésped y las células inmunes de la mucosa intestinal, siendo variable según la cepa empleada y el número de bacterias administradas.

Qué beneficios sobre la inmunidad ofrecen los simbióticos

¿Qué probióticos se pueden utilizar para ayudar a la inmunidad?

Los probióticos más eficaces suelen ser cepas de lactobacilos y levaduras como el Saccharomyces boulardii, pero también pueden ser útiles otro tipo de microorganismos como las Bifidobacterias.

En concreto, el Lacticaseibacillus rhamnosus o anteriormente llamado Lactobacillus GG es una de las cepas probióticas más conocidas y estudiadas, con más de 1.000 estudios publicados hasta la fecha. Fue aislada en 1983, recibiendo el nombre de sus investigadores (Lactobacillus Rhamnosus de Gorbach y Goldin).

L. Rhamnosus GG produce bacteriocinas. Inhibe el crecimiento de algunos patógenos y dificulta la adhesión de los microorganismos patógenos a la mucosa intestinal. Contribuye a la normalización de la función de barrera y la permeabilidad intestinal.

Tiene una elevada capacidad de adhesión a la mucosa intestinal. Y, además, estimula la respuesta inmunológica mediada por inmunoglobulinas y por linfocitos (humoral y celular).

 

 

¿Y en cuanto a los prebióticos?

Los prebióticos están presentes en nuestra dieta, pero también pueden utilizarse en forma de complementos junto a probióticos, con el propósito de mejorar la salud.

Actualmente, los prebióticos más utilizados son: inulina, fructooligosacáridos, galactooligosacáridos, lactulosa y β-glucanos.

En la actualidad están en estudio las acciones de otros prebióticos emergentes como los isomaltooligosacaridos (IMOS), los exopolisacáridos bacterianos (EPS), xilooligosacáridos (XOS), lactosacarosa (LS), pectooligosacáridos (POS) derivados de la pectina y los polisacáridos de macroalgas.

Esas sustancias pueden servir como un sustrato para los probióticos, estimulando su crecimiento. Los prebióticos no son digeridos hasta que alcanzan el intestino grueso, donde son fermentados por bacterias (por ejemplo, Bifidobacterium o lactobacilos).

El uso de prebióticos influye en la composición y actividad metabólica de la microbiota intestinal, no hay que olvidar que son una fuente de carbono y energía para el intestino.

Evidencia de los beneficios de los simbióticos sobre la inmunidad

Beneficios de los prebióticos

Los beneficios más importantes de los prebióticos son:

  • Regular la absorción de grasas y modular el metabolismo de los lípidos.
  • Mejoran la absorción de algunos elementos como el calcio, magnesio, hierro, cinc, etc.
  • Reforzar el sistema inmune e impedir el crecimiento de microorganismos patógenos.
  • Ser el sustrato para la producción de ácidos grasos de cadena corta (sustancias de carácter antinflamatorio) a través de la fermentación por parte de la microbiota y probióticos.
  • Estimular el crecimiento y la actividad de las bacterias beneficiosas en el tracto gastrointestinal. Esto confiere un beneficio para la salud del huésped.

Los simbióticos se usan para mejorar la supervivencia de los microorganismos beneficiosos. Y, también, para estimular la proliferación de cepas específicas presentes en el tracto gastrointestinal.

Si tenemos en cuenta que un probiótico puede actuar en el intestino delgado y grueso, y el efecto de un prebiótico se observa principalmente en el intestino grueso, la combinación de ambos puede tener un efecto sinérgico.

Referencias

• Swanson KS, Gibson GR, Hutkins R, et al. The International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics (ISAPP) consensus statement on the definition and scope of synbiotics. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2020. doi: 10.1038/s41575-020-0344-2.
• Ganjbakhsh, S. E., & Rezaee, P. (2017). The Effect of probiotics on immune system. J Bacteriol Mycol, 5, 319-320.
• Galdeano, C. M., Cazorla, S. I., Dumit, J. M. L., Vélez, E., & Perdigón, G. (2019). Beneficial effects of probiotic consumption on the immune system. Annals of Nutrition and Metabolism, 74(2), 115-124.
• Guía Práctica de la Organización Mundial de Gastroenterología: Probióticos y prebióticos. Febrero 2017.
• Olveira, G., & González-Molero, I. (2016). Actualización de probióticos, prebióticos y simbióticos en nutrición clínica. Endocrinología y Nutrición, 63(9), 482-494.

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